ALEKSANDRA KOPFF · Capítulo 24

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Precio: Actividad gratuita
Exposición

Parece que el dibujo, como medio, no sea suficiente para ser artista. Padece el estigma de la técnica. Planea sobre él el fantasma de un mito de artista con el que ya casi nadie quiere relacionarse. Un artista introvertido, que se extravía del mundo para centrarse en su asimilación del mismo. Un artista que usa el arte para beneficio propio, casi terapéuticamente, en oposición a esa noción de artista atento a las dinámicas de la sociedad actual y al desarrollo interno de los diferentes lenguajes estéticos. Un artista que no nos muestra lo que existe sino lo que él ve. La supervivencia a través del arte y no la supervivencia a pesar del arte.

Hay un extrañamiento en el efecto de los dibujos de Aleksandra para aquel que los mira. Algunos de ellos están sucios, aparentemente inacabados, producen un efecto de atracción y rechazo visual en aquel que los contempla. Pero de nuevo, extrañamiento, atracción o rechazo son categorías emocionales y, por consiguiente, un tanto desautorizadas para aquellos que estamos habituados a pensar desde el régimen de visibilidad de las prácticas artísticas contemporáneas. Quizás Berger se dirige al mismo lugar cuando afirma que “el arte no sirve para explicar lo misterioso. Lo que hace es facilitar que nos demos cuenta de ello”. Quizás lo expresa mejor la propia Aleksandra cuando dice que dibujar es un proceso útil para la “supervivencia del alma”.

Extracto del texto de Sonia Fernández Pan Aleksandra Kopff

ALEKSANDRA KOPFF · Capítulo 24