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Vallès: fabricar pasados, fabricar futuros / Claudio Zulian

Lugar: La Virreina Centre de la Imatge
La Rambla, 99
08002 Barcelona
Precio: Actividad gratuita
Exposición

Comisario: Valentín Roma
Inauguración: viernes 7 de junio, 19 h
Visitas guiadas a cargo de Claudio Zulian: martes 2 y 16 de julio, a las 18 h

Vallès: fabricar pasados, fabricar futuros es un proyecto con el que Claudio Zulian recorre la memoria proletaria de la comarca del Vallès, una zona histórica y políticamente adscrita al llamado «cinturón rojo» de Barcelona.

Partiendo de la fábrica como lugar simbólico, ideológico y social, el artista explora, a un mismo tiempo, los espacios productivos y los ámbitos vivenciales, el patrimonio material y los imaginarios emigrantes, la noción de comunidad configurada alrededor de unos ejes o en perpetuo estado de definirse.

Sin embargo, Vallès: fabricar pasados, fabricar futuros también es una invitación a pensar qué horizontes se dibujan hacia los tiempos venideros, cuáles son los nuevos códigos de movilización y de voz pública que deberán erigirse desde las periferias industriales, qué papel tendrá la fábrica en el siglo xxi, dentro de una economía transnacional dirigida por las élites del capitalismo financiero, a partir del drástico cambio de paradigma en el estatuto del trabajo y en el rol de los trabajadores.

Fruto de un complejo proceso de diálogo y cooperación entre cuatro ayuntamientos vallesanos -Cerdanyola del Vallès, Ripollet, Sabadell y Terrassa-, esta propuesta, que arrancó en 2017, fue mostrando sus etapas evolutivas desde formatos muy diversos.

Así, en el Museu d’Art de Cerdanyola, bajo el título de Utopías, se presentaron tres videoinstalaciones precedidas de la pieza Work-in-progress; en el Centre Cultural de Ripollet pudo verse El viaje y los polígonos, con imágenes fotográficas y una pieza audiovisual; en el Museu d’Art de Sabadell se exhibió Imágenes a la sombra del tiempo: la fábrica, mientras que en el Centre Cívic del barrio de La Maurina y en la Sala Muncunill de Terrassa, el trabajo Por la noche construimos casas. Además de esta serie de muestras, se han llevado a cabo un conjunto de talleres, mesas redondas, encuentros y conferencias específicos para cada una de las diferentes localidades.

La instalación en La Virreina Centre de la Imatge adopta la forma de un relato audiovisual con siete episodios -La fábrica, La niña obrera, El viaje, Polígonos, La torre, Por la noche construimos casas y Utopías- que configuran una suerte de políptico donde se vislumbra cierta historia posible para las nuevas imágenes proletarias.

Desde el extrañamiento de Bertolt Brecht hasta la distancia de Sergei Tretyakov, desde la literatura fabril de Leslie Kaplan hasta las panorámicas en loop de Harun Farocki o los collages de pensamientos y consignas de Nanni Balestrini, hay un hilo en el cine expandido, en el teatro social y en la literatura política del siglo xx que Zulian convoca mediante este trabajo, como si el productivismo aún estuviese pendiente de una inesperada vuelta de tuerca.

George Didi-Huberman advierte que los pueblos se hallan en un perpetuo proceso de representación y, a la vez, en un invariable peligro de ocultamiento, es decir, están «sobreexpuestos» y «subexpuestos» simultáneamente. Algo similar podríamos decir de los trabajadores, invocados desde cualquier flanco político, económico o artístico, pero al mismo tiempo desaparecidos de todas y cada una de las epistemologías que promovieron las clases medias durante el último medio siglo. No resulta extraño, entonces, que por el sumidero emotivo por el que desaparecieron grandes zonas de la disidencia proletaria, también hayan desaparecido aquellas instantáneas que documentan las nuevas luchas emancipatorias en el campo del trabajo.

Claudio Zulian investiga, precisamente, esta encrucijada entre los imaginarios sentimentales de la lucha de clases, la nostalgia simbólica de la cultura obrera y las hipotéticas renovaciones de todo ello. O, dicho de otra forma: analiza qué parte de la revolución sigue formulándose desde el campo de las imágenes y qué otra ha derivado como diagnóstico tan sólo estético. Para ello, recorre el paisaje industrial y lo convierte en escenario performativo, transita por la memoria emigrante y la presenta sin sus habituales condescendencias humanitarias. De igual modo, ahonda en las iconografías del pueblo hasta extraer de ellas, no un diagnóstico que detecte las contradicciones del sistema, sino una teoría y una praxis de transformación aún vigentes, una propuesta de futuro.